Miércoles de Ceniza

Ciclo y fecha
Cicle: 
B
Temps: 
Cuaresma
Data : 
Miércoles, 17 Febrero 2021
Señor, no te cansas de perdonarnos

Señor, Tú nos has mostrado un camino
que nos lleva a la vida.
En cambio, nosotros nos empeñamos en ir por nuestra cuenta,
en preocuparnos de nuestros intereses inmediatos
y olvidarnos de Ti y del bien de nuestro prójimo.

Pero nos ofreces la oportunidad de modificar el rumbo de nuestra vida,
borrón y cuenta nueva.
No te cansas de perdonarnos,
nos esperas en el sacramento de la confesión para abrazarnos,
para decirnos que nos amas,
y que, por grandes que hayan sido nuestras faltas,
mayor es tu amor.

Has tratado como pecador a Aquel que no había experimentado el pecado,
para que nosotros seamos justificados por Él
y podamos acercarnos a Ti.
Solo tenemos que reconocer nuestra debilidad,
que te necesitamos,
que nos perdemos si no te seguimos.

Gracias por lavar nuestras culpas,
curar nuestras heridas,
purificarnos de los pecados
y orientarnos hacia el camino de la salvación.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret
Camino de regreso

Padre nuestro del cielo,
es a ti que venimos, a ti que regresamos.
Como el hijo pródigo que volvió,
añorando el hogar, arrepentido,
nos levantamos hoy para emprender el camino de Cuaresma,
que es camino de regreso, humilde y confiado,
hacia ti, de quien nos habíamos apartado o huído. 

Tú que ves lo que está oculto,
que ves el fondo de nuestros corazones,
sabes que la mejor recompensa, que podemos esperar
-si es que alguna merecemos-,
es reenconrtrarnos contigo,
en el abrazo del perdón. 

No actuaremos más como la gente, ni por la gente,
sino por ti, como nos ha recomendado Jesús.
Ayudar y dar limosna sin ostentación, por amor. 

Orar más, mucho más, ante ti, como un respiro.
Ayunar recordando que somos polvo,
pero con la sonrisa de quien vive más por Dios.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret
Brasas bajo las cenizas

La llama divina
que escondiste en el corazón humano
ha ido languideciendo, Señor.
Se ha extinguido, incluso,
y no es más que ceniza cuanto se ve.

Nosotros la hemos apagado,
con nuestros egoísmos,
con nuestros odios y mentiras,
con nuestra insolidaridad.

Pero hoy nos adviertes, Señor,
que hay algo más que ceniza
en nuestro corazón.

Tú que conoces el corazón humano,
nos hablas de brasas
escondidas bajo la ceniza
que con el soplo del Espíritu
se pueden avivar.

Aviva este rescoldo, Señor.
conviértelo en llamas que den luz,
llamas encendidas de tu amor,
y que ardan para los hermanos.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret
Convertirnos es dejarnos llenar por tu Espíritu Santo

Dios y Padre nuestro, nos dices por Joel:
“convertíos a mí de todo corazón”.
Y entendemos que convertirnos es
dejarnos llenar por tu Espíritu Santo
y por tu presencia amorosa
para que aprendamos a pensar como tú,
a tener corazón y sentimientos como los tuyos,
a amar a los demás como tú amas,
a dejarnos amar por ti sin reservas.

Pero en seguida te preguntamos:
si jamás te hemos visto, Dios nuestro,
¿cómo podemos saber quién eres y cómo eres?

Y tú nos muestras a tu Hijo Jesús
y nos dices que nos fijemos siempre en él,
que es nuestro hermano y modelo.

Por eso te agradecemos, Dios y Padre nuestro,
porque toda la vida de Jesús nos enseña
cómo hemos de orar, de qué manera
tenemos que relacionarnos contigo,
y nos muestra cómo vivir haciendo el bien.

Te pedimos, Dios y Padre nuestro
que en esta Cuaresma fijemos en Jesús
el corazón y los ojos, con el firme propósito
de entrar en un camino de conversión
que nos acerque más a ti
haciéndonos discípulos y compañeros de camino
de tu Hijo y hermano nuestro Jesús.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret
Señor, que me vacíe de tantas cosas que me encadenan

No pongáis cara triste, nos dice Jesús.
El atleta no se entristece por el esfuerzo
si está seguro de llegar a buen término.
Ni siquiera la penitencia es triste
cuando tenemos la certeza del perdón.

No malgastéis la gracia que habéis recibido,
nos dice san Pablo.
¡Hay tantos cristianos inconscientes
del don que Dios ha derramado en ellos!
No podemos comprender la gravedad del pecado
si no nos damos cuenta de todo lo que Dios
ha hecho y hace por nosotros.
Sólo entonces podremos entender
que no se trata solamente de no hacer daño,
sino sobre todo de poner en práctica
todos los talentos que Dios nos regala.

Señor, que con el ayuno me vacíe
de tantas cosas que me encadenan,
que con la limosna recobre la alegría
de dar gratuitamente,
y que con la oración
me dé cuenta del amor entrañable
con el que me abrazas.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret