Jesús, Señor,
nos imaginamos presentes
en medio de aquel gentío entusiasta,
aclamándote como al Enviado de Dios.
Pero vemos que nos preguntas
por la razón de nuestro entusiasmo
si es el espejismo del poder y la fama
o el camino de servicio que tú has seguido.
Nos preguntas si percibimos
el estilo distinto de tu gloria:
tu entrada triunfal en Jerusalén
fue un humilde pollino
y no un caballo guerrero, victorioso.
Ábrenos la inteligencia
para que entendamos de una vez
que lo que nos invitas a compartir
no es la gloria de un triunfo guerrero
sino la gloria de tu humilde servicio. |