Señor, me impresiona tu serenidad y fuerza
en momentos en que te sientes juzgado injustamente.
Te preguntan
pero sabes que no les importa tu respuesta.
Desde el principio eres reo de muerte.
Dame fuerza, Señor,
para mantenerme firme ante la ambición
de los que como Pilato hacen lo que sea
para mantenerse en el poder
y que por mi parte no confunda
las necesidades de los demás o de la comunidad
para mantenerme en mi puesto
contra viento y marea.
Que en todo momento sepa ser como Pedro;
es verdad que te negó, Señor, se equivocó,
pero estaba a tu lado.
Hoy Pedro nos enseña
a comprender a los que se equivocan
porque no saben encontrar el punto adecuado
en sus manifestaciones, pero se mantienen fieles
y nos anima a seguir nuestras convicciones
aunque a veces nos falte valentía o aplomo.
Señor, que mi servicio
vaya acompañado de dulzura,
tal como quisiste enseñarnos
en los últimos momentos de tu vida
y que nuestro testimonio no sea insultante
sino que se acompañe de los perfumes
de la comprensión y la misericordia.
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