Que sepamos ponernos
al servicio de los hermanos
sin esperar nada a cambio
y comprendiendo a los que les cuesta aceptar atenciones
porque, como Pedro,
temen no saber corresponder de manera adecuada.
Con el gesto de lavar los pies a tus discípulos
nos recuerdas que el amor
debe traducirse en acciones concretas.
Danos la humildad necesaria
para no caer en la autosuficiencia
ni el paternalismo,
y danos también sabiduría
para comprender que el servicio cristiano
nace del amor y crea lazos de afecto.
Hoy, día del amor Fraterno,
llevamos a tu presencia
a las personas que dedican su vida
al servicio de los demás.
Que sepamos ver lo bueno que hacen
en favor de los más necesitados.
Y que estos días santos sean una ocasión
para agradecer a las personas
que en nuestras familias o en el vecindario
ateienden a los ancianos
y a personas con enfermedades incurables.
Hazles sentir, Señor, nuestro afecto
y danos la creatividad y la disposición necesaria
para ponernos a su servicio.
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