Que nos ilumine tu fulgor, Señor,
aunque sea por un instante.
Que nos inunde la luz de tu Espíritu
y nos deje, si no extasiados, admirados.
Que brille en el fondo del corazón, fielmente,
aquella claridad imperceptible a primera vista…
Gracias, Jesús, por tu comprensión.
Llévanos contigo a lo alto de la montaña,
como hiciste con Pedro, Santiago y Juan.
Necesitaremos haber vivido una experiencia clara
para afrontar los oscuros momentos de prueba.
Anuncias la Resurrección, y no sabemos a qué te refieres.
Predices la Pasión y no te entendemos.
Ni comprendemos que la muerte pueda anticipar la vida.
Pero tú sabes lo que se te avecina, la cruz,
y que tampoco nosotros la podemos evitar.
Que tu luz, transfiguradora,
nos apoye en la lucha y en la esperanza. |