«Has subido al cielo», Señor…
pero nosotros hemos pensado
¡que te habías ido muy lejos!
El cielo es allí donde tú vives,
es allí donde te encuentras
y donde te dejas encontrar.
Tu cielo es –ante todo–
el corazón de tus hijos e hijas
que viven en tu amor.
Cámbianos la mirada y el corazón
para que sepamos reconocer las pistas
que nos has dejado de tu presencia
viva y constante entre nosotros.
Cámbianos la mirada y el corazón
para que entendamos que nuestra tarea
no es la de quedarnos mirando al cielo,
sino la de vivir toda nuestra vida
como testigos de tu amor y tu presencia
en medio de nosotros. |