Jesús, sabemos
que toda persona humana tiene un dinamismo
que le impulsa a acrecentar su vida
y a desarrollar su inteligencia.
Es algo personal y no depende
ni de las creencias ni de la cultura.
Pero tú nos revelas que la persona
tiene una capacidad infinita de vida y amor.
Tan grande es ese tesoro espiritual
que Dios es la medida de nuestro ser.
Estamos hechos a su imagen
y estamos llamados a vivir, desde ahora,
en comunión de amor con Él.
Con el ejemplo de la vid y los sarmientos
nos dices que la vida del espíritu viene de Dios
y, para hacerla crecer y para dar fruto,
necesitamos estar unidos a Él
y así poder recibir la fuerza de su Espíritu.
Dios nos lo ofrece siempre generosamente,
pero nosotros podemos rehusarla.
Gracias por la vida que me ofreces.
Ayúdame a dar frutos de vida eterna. |