Señor, te haces presente en nuestro caminar
sin efectos especiales.
Te haces presente disfrazado
de esposa o esposo,
de compañero de trabajo
o de mendigo en la puerta de la iglesia.
Y nos recuerdas que si esperamos
verte de otra manera nos equivocamos.
Señor, nos recuerdas que Dios
tiene un respeto absoluto por las personas.
Al asumir nuestra humanidad
hasta las últimas consecuencias
nos recuerdas que únicamente te encontraremos
en las personas y en la mesa de la Eucaristía.
Hoy, una vez más,
te haces presente a un grupo de discípulos.
La comunidad
es el espacio de encuentro contigo, Señor.
La intimidad contigo se alimenta
con la fuerza del grupo de creyentes.
Que a lo largo de esta semana
sintamos tu paz, Señor;
disipa nuestros miedos
y haznos portadores de paz para los demás.
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