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orar con el evangelio
domingo iii de pascua (a)
Señor, los de Emaús pudieron verte
porque fueron capaces de acogerte

Señor, los momentos que nos tocan vivir
son poco reconfortantes.
Todos conocemos o sufrimos en propia persona
despidos y escasez.
No supimos verte cuando todo iba bien
y ahora necesitamos que nos abras los ojos
para que te sintamos presente.
Aumenta nuestra fe, Señor.

Señor, los de Emaús pudieron verte
porque fueron capaces de acogerte.
También ahora vienes disfrazado de peregrino,
pero vivimos tan obsesionados por la seguridad
que a veces te dejamos pasar de largo.

Señor, nos pasa como a los de Emaus.
Nos parece que nuestras ilusiones eran vana quimera.
Cada vez somos menos
e incluso nos sentimos ridiculizados.
Que en esta Eucaristía descubramos
que la fe y la ilusión, no son mérito nuestro.
Tú les devolviste la alegría a los discípulos
y también quieres dárnosla a nosotros.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret
Donde mejor te reconocemos

Era domingo,

el primer día de Pascua.

Pero aquellos dos discípulos,

como a menudo nos ocurre a nosotros mismos,

no veían más allá, Señor,

no te podían reconocer, abatidos como estaban,

con los ojos empañados por las preocupaciones.

 

De nada sirvieron

el largo camino,

ni la conversación, todavía obsesiva,

ni la compañía de otro caminante,

ni el recuerdo de tus obras y tus palabras,

ni el relato de las mujeres del grupo,

ni siquiera las sagradas Escrituras,

ni ninguna otra cosa salvo volver a verte.

 

Ahora sabemos

lo que nos ayuda a reencontrarte,

y te pedimos saber i desear hacerlo:

la acogida, compartir la mesa,

y, sobre todo, partir el pan de la Eucaristía.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret
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