Las fiestas navideñas, tan esperadas a lo largo del año,
al llegar a este punto nos hacen desear la normalidad.
Navidad ha perdido su sentido religioso para muchos,
y para los creyentes cuesta encontrar el verdadero sentido.
Estos días han sido una muestra impressionante
de lo que es el amor de Dios para cada uno de nosotros.
Dios se ha hecho hombre para caminar junto a nosotros.
Sólo pide que le reconozcamos
bajo el disfraz de familiar, de amigo o de vecino.
Está ahí y aún siendo Dios
no puede imponer la relación de amor que tanto desea.
Escribamos nuestra carta a los Reyes y volvamos a ser niños
capaces de pedir y agradecer a Dios a corazón abierto. |