Señor,
reconocemos lo limitado que es
el horizonte de nuestra vida:
«la vida es… la que vivimos aquí;
la felicidad es… la que aquí hallamos».
Y nos imaginamos la vida futura,
como una prolongación –mejorada!-
de la presente…
Ensancha nuestra mirada,
para así descubrir el destino último
de esta vida que aquí nos confías.
Acrecienta el anhelo de nuestro corazón
para desear la plenitud de tu don
que quieres ofrecer a nuestra vida.
Creemos y deseamos creer, Señor,
pero no en nuestras fantasías
sino sólo en tu Palabra.
Esperamos ardientemente, Señor,
no la satisfacción de nuestros deseos
sino el cumplimiento de tus promesas. |