Señor,
cuando tú devolvías la salud
a aquellos nueve leprosos,
los liberabas de un mal todavía peor:
de la exclusión social y religiosa.
Nosotros olvidamos fácilmente
que el progreso y el alto bienestar
de este mundo que llamamos civilizado
se ha construído muy a menudo
con violencia sobre otros pueblos
y los ha excluido del progreso.
Ya que tenemos un Padre común
y queremos sentirnos mas hermanos,
hoy necesitamos pedir perdón
por la violencia y la exclusión
que nuestra sociedad de progreso
ha ejercido sobre otros pueblos
con menos posibilidades.
Y si tal vez nos hicimos solidarios
de su empobrecimiento y exclusión,
ayúdanos hoy a sentirnos solidarios
del dolor de esta pobreza
y del compromiso de liberación. |