Señor,
los fariseos y los maestros de la Ley
te tacharon de inmoral e impuro
porque te relacionabas con pecadores
y te sentabas a la mesa con ellos.
Pero los gestos que tú haces
son para nosotros un reflejo
de la forma que Dios tiene que actuar
y de lo que nosotros hemos de hacer.
Con tus gestos y tus palabras
nos estás diciendo con toda claridad
que si Dios acoge a los pecadores…
¡también nosotros los hemos de acoger!
O -quizás más exactamente-
nos estás diciendo en el fondo
que si Dios acoge al pecador
con tanto gozo y tanto perdón,
ya no hay razón para rehusar
¡nosotros mismos!
la acogida y el perdón
de ese Dios, todo bondad. |