Señor,
no es muy difícil darnos cuenta
de la sutileza y disimulo
con que nuestro orgullo pretende
hacernos ver superiores a los demás.
Nos cuesta aceptarnos como somos:
ni más de lo que somos y podemos
-olvidando nuestras limitaciones-
ni menos de lo que somos y podemos
-olvidando nuestras posibilidades-.
Concédenos el don de la humildad,
para que seamos capaces
de bajar de la nube de nuestro orgullo,
tener los pies en el suelo,
y encontrar nuestra verdad.
Señor, ábrenos los ojos y el corazón,
para que sepamos ser agradecidos
por cuanto hemos recibido
y por cuanto estamos recibiendo
de tu mano generosa
y también de nuestros hermanos. |