Nos invitas, Señor,
a entrar por la puerta estrecha…
Y nosotros – dóciles a tu enseñanza-
empezamos a buscar con ahinco
esa puerta que tú nos aconsejas.
Y la buscamos … olvidando
tu palabra que de tus labios hemos oído:
que tú eres la puerta y el camino,
y que quien entre por ti se salvará,
y podrá entrar y salir libremente.
Sedúcenos con palabras de amor
para que nos decidamos de una vez
a pasar por esta puerta que eres tú
con solo el amor por todo equipaje.
Átanos a ti con lazos de comunión,
y guíanos por ese camino de fidelidad
que tu mismo has seguido
amando hasta el extremo. |