Señor,
no es fácil aprender una oración,
pero nos cuesta aprender a orar.
Perdónanos si, muchas veces,
movemos más nuestros labios
que nuestro corazón.
Y ya que –según el Apóstol-
no podemos decir «Jesús es el Señor»
si no es con la ayuda de tu Espíritu,
envíanoslo a cada uno de nosotros.
Haz que reconozcamos su presencia
y le sepamos acoger.
Él dispondrá de nuestro corazón
para que pueda ser morada divina.
Él hará que nuestras pobres palabras,
-reflejo de nuestra pobreza-
lleguen a ser oración sincera,
que diga lo que las palabras solas
no serían capaces de decir. |