Señor, en Samaría no quisieron recibirte
porque te dirigías a Jerusalén.
Que sepamos ver en las personas su corazón
y lo bueno que nos aportan
en lugar de dejarnos llevar por las apariencias.
Señor, estos días muchas personas
no tienen donde reclinar la cabeza.
No están en esta situación por decisión propia.
Que sepamos ayudarles
como lo haríamos con Jesús.
Señor, seguirte es vivir en la intemperie
en muchos momentos.
Perdemos la seguridad
de nuestras relaciones sociales
y los que más nos aprecian nos aconsejan
disimular nuestras convicciones cristianas.
Danos fuerza, Señor, para seguirte.
Señor, quieres que atendamos con esmero
a nuestra familia.
Que el servicio y la dedicación a los nuestros
no se convierta en pretexto para no implicarnos
y no tender una mano a los que nos necesitan.
|