Señor,
te digo muy a menudo que creo en ti.
¡Es tan fácil de decirlo de palabra!
Cuando miro la fe del centurión,
me pregunto si mi fe es bastante fuerte.
Muy a menudo, cuando las cosas no salen
tal como yo esperaba y quería,
dudo de la eficacia de mi plegaria,
de tu fidelidad y de tu
amor.
A menudo exijo respuestas inmediatas
y, aunque no te lo diga,
prefiriria que se hiciera mi voluntad
y no la tuya.
Me doy cuenta que, cuando todo va bien,
te olvido y prescindo fácilmente
de ti.
Me pregunto si mi fe en ti
no es una fe interesada y egoísta,
una fe
que busca más
la satisfacción de mis necesidades
que vuestra presencia
y
la comunión de amor contigo.
¡Purifica y aumenta mi fe! |