Nos dices, Señor
que las bienaventuranzas son
el camino de la felicidad.
Y porque tú nos lo dijiste
las aprendimos de memoria,
y las proclamamos el camino más excelente
y el resumen de tu mensaje.
Pero cuando buscamos felicidad,
probamos caminos que no son los tuyos…
Nos cuesta tanto abrir los ojos,
para vernos a nosotros mismos.
Nos cuesta reconocer la pobreza
y renunciar a la autosuficiencia…
Haznos seguidores tuyos, Señor.
Haznos descubrir y ansiar
el derroche de vida y de gracia,
de misericordia y de perdón
que Dios prodiga a sus hijos. |