Jesús de Nazaret, Señor,
eras el esperado de las naciones.
El universo esperaba de ti un gesto grandioso,
digno del Mesías anunciado y esperado.
Pero tú no vas a la gran Jerusalén
sino a la «Galilea de los paganos»,
de donde nunca había salido profeta alguno.
Y en palabras del profeta nos dices
la gran obra que has venido a cumplir:
«anunciar el Evangelio a los pobres,
anunciar a los cautivos la libertad,
y a los ciegos la vista.
Dar libertad a los oprimidos.»
Ya que en nuestro bautismo has hecho
que tu misión sea también la nuestra,
haznos capaces de reconocer
en nuestro humilde quehacer diario
la grandeza de aquella misión
que el Espíritu te confió. |