Jesús,
cuando viniste a habitar entre nosotros,
te quisiste encarnar en una familia
para vivir toda la realidad humana,
desde el nacimiento hasta la muerte.
Tu experiencia te permite transmitirnos
el valor y la importancia de la familia
para el crecimiento equilibrado y sereno de los niños.
Nos dices, que en el proyecto de Dios,
hay estabilidad de la familia
para que pueda ser un lugar privilegiado
donde las personas puedan vivir unas relaciones
basadas en el amor fiel y el don de uno mismo.
Te muestras comprensivo y acogedor
con las madres y con sus hijos pequeños,
que los apóstolos querían echar
porqué estorbaban a los mayores;
tú los coges en tus brazos
y los bendices, imponiéndoles las manos.
Que, en mi vida de familia, sea
acogedor, sencillo y transparente como tú. |