Jesús,
cuando nos imaginamos o hablamos del Reino de Dios,
sólo podemos acercarnos a partir de
nuestros conocimientos y experiencias,
por eso, con frecuencia, lo enfocamos mal.
Tú tuviste que corregir la manera
de ver y de hablar de tus apóstoles.
En el evangelio de este domingo, corriges
la actitud de los que te pedían privilegios,
y también de la del grupo que los criticaba
porque querían ser los preferidos en el Reino.
Les haces comprender que en el Reino de Dios
no existen los privilegios, porque todo
se vive en un clima de amor y comunión.
Te pido que liberes mi plegaria
y mis esfuerzos de fidelidad
de toda pretensión y de la busca de privilegios;
haz que te ame y ame al Padre
con generosidad y sin ningún egoísmo. |