Jesús,
a pesar de que tu humanidad es como la nuestra,
en tu persona, en tus palabras
y en tus acciones hay un misterio,
que sólo podemos acoger por la fe
y si nos dejamos amar de verdad por Dios.
Tú alimentas nuestro espíritu
y nos haces participar de la vida eterna,
eres como el «pan»
que alimenta nuestro corazón.
Nos alimentas con el «pan» de la presencia,
que nos permite palpar el misterio profundo
del amor salvador de Dios hacia los hombres.
Como el pan se transforma en nosotros,
tú nos transformas en ti y nos hacer vivir
en comunión con el Padre y con los hermanos.
Es un misterio que no comprendo,
pero el amor que nos has demostrado
me lo hace intuir y acoger con fe y confianza. |