Jesús,
me da mucha paz tu delicadeza,
cuando invitas a los apóstoles a retirarse
a un lugar tranquilo y despoblado.
Sabías que tenían necesidad
de poder explicar,
a ti y a los demás,
lo que habían visto y hecho
durante los días de predicación
de la Buena Noticia.
¡Era su primea experiencia!
Cuando te imagino
caminando con ellos
como el amigo ilusionado
y como el maestro-compañero,
yo también me siento privilegiado
y lleno de confianza.
Descubro tu gran sensibilidad humana
y también la delicadeza
de tu corazón de amigo.
Haz que viva estos sentimientos
siempre que te vengo a encontrar
en el silencio de la plegaria
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