Jesús,
si te hubieras presentado como un extraterrestre,
un desconocido sin familia y sin patria,
tal vez nos habría sido más fácil creer
que eres el enviado de una divinidad lejana.
¡El misterio siempre nos ha fascinado!
A los humanos nos cuesta reconocer un Dios
encarnado y formando parte de la familia.
Para tus contemporáneos y compañeros
no había de ser nada fácil aceptarte
como el enviado de Dios y, menos aún,
como el Mesías Salvador e hijo de Dios.
Tenías la misión de hacernos comprender
la Buena Noticia salvadora del Padre del cielo.
Venciendo muchas reticencias y oposiciones,
fuiste proclamando una Buena Noticia de amor
y liberando a toda clase de personas del mal.
Poco a poco, ha aumentado el número
de los que creemos en ti y te seguimos.
¡Tú tienes palabras de Vida Eterna! |