Señor, nuestras ideas un tanto triunfalistas
nos llevan al desánimo
cuando vemos que cada vez
somos un grupo más pequeño.
Somos una pequeña semilla que poco a poco
va extendiendo tu mensaje
y de alguna manera
hace el mundo más habitable
y a los hombres más hermanos.
Señor, el Reino
al igual que la semilla una vez sembrada
ya no tiene vuelta atrás.
Los desvelos del sembrador acaban
cuando ha sembrado y abonado el campo.
La cosecha siempre parece pequeña
pero la semilla fructifica.
Nuestro trabajo es sembrar.
Tú harás fructificar nuestra tarea.
Señor, el Reino
se extiende con nuestro esfuerzo.
No hay que esperar al futuro
ni podemos soñar milagros
que transformen los fracasos en éxitos.
Quieres que te hagamos presente
en nuestro mundo y sembremos esperanza.
Señor, ante la multitud
de personas sin trabajo
nos sentimos realmente desarmados.
Cúrame, Señor, de mis apatías,
de mi falta de generosidad.
Que sea capaz de perder mi seguridad
para que otros puedan mirar el mañana
sin temor. |