Jesús,
eran muchos los que no te
comprendían.
Tus parientes te querían poner a raya,
porque pensabas demasiado en
los demás
y no te reservabas un tiempo suficiente para ti.
Otros, cuando curabas a alguien o lo liberabas del mal,
decían que estabas poseído por el demonio.
En cambio, la gente sencilla y sin prejuicios,
encontraban que lo hacías
todo bien.
A ti no te preocupaba en absoluto
aquello de «¿Qué dirá la gentet?»,
ya
que sólo buscabas hacer el bien
y ser fiel a tu misión.
Haz que como tú, nunca sea esclavo
de lo que dirán o de intereses
egoístas.
Ayúdame a actuar con libertad,
de acuerdo con mi conciencia
y con lo que
me pide
el cumplimiento de mi deber
y el amor fiel a Dios
y a los hermanos.
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