Jesús,
tu actitud con los enfermos
siempre fue de acogida incondicional;
les manifestabas el deseo
de ayudarlos a recobrar totalmente la salud
para que pudiesen ser capaces de integrarse
en una vida plenamente humana y normal.
Les liberabas físicamente y espiritualmente.
Sabías que las enfermedades morales
pueden ser más nocivas que las físicas,
porque pueden destruir a la persona.
Los profesionales del culto y de la Ley
te acusan de blasfemo
porque perdonas los pecados.
Para que comprendan que tienes derecho a ello,
curas la parálisis de ese enfermo.
Y le pides que tome su camilla
y vaya a pie hasta su casa.
Así podría llevar una vida humana,
liberado del mal del cuerpo y del espíritu.
Gracias por mostrarte tan humano y tan valiente. |