Català Castellano
orar con el evangelio
domingo iv del tiempo ordinario (b)
Que nuestro obrar cristiano
sea una respuesta convincente y salvadora

Señor, el mal
está presente en nuestro mundo.
Nos cuesta creer en tu presencia
en muchos momentos.
Que nuestro obrar cristiano
sea una respuesta convincente y salvadora.

 

Se admiraban
porque hablabas con autoridad, Señor.
No resulta fácil hacerlo
cuando parece que todos piensan diferente.
Señor, que nuestro sí sea sí
y nuestro no sea no.
Líbranos de la palabrería.

 

Señor, convencías porque tus palabras
iban acompañadas de gestos.
También nosotros podemos realizar milagros
para devolver la esperanza
a los que se sienten oprimidos,
sin trabajo o sin hogar.
Que lo creamos, Señor.

 

Señor, hemos perdido credibilidad.
No nos fiamos unos de otros.
Que actúe consciente de lo que afirmo.
Que contraste mi vida con tu Palabra
y que evite la murmuración y el chiste fácil.
Que diga aquello que hace bien
y calle aquello que únicamente crea dolor.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret
Llevar alegría e ilusión a quienes están desanimados

Todos estamos hartos de palabras y promesas
que
al final quedan en nada.
Muchos nos encontramos en el meridiano de nuestra
vida
y de pronto empezamos a cuestionarnos

el sentido de nuestra vocación,
de nuestro matrimonio e incluso la participación

en la parroquia, en el barrio o en los grupos de amigos
.

 

Es el demonio inmundo en versión actual.
Jesús me enseña a llamar a mis demonios por su nombre
.
A decidir por mí mismo y dar valor
a lo que es importante para mí y para los míos.

 

Tiene autoridad quien actúa y dice sin contradecirse.

Tiene autoridad quien sabe reconocer sus errores
y cambiar su actuación
.
Tiene autoridad quien sabe decir la verdad sin ofender
y quien sabe reprender sin humillar.

 

Que la Eucaristía de hoy nos ayude a llevar alegría y la ilusión
a quienes se encuentran desanimados
y que seamos ejemplo de buen hacer
para nuestros jóvenes.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret
La fuerza de tu palabra

Jesús,

cuanto más leo y medito el Evangelio,

más advierto su riqueza humana y sobrenatural.

 

He comprendido que para asimilarlo

he de imitar a tu madre, María,

que con un amor de madre y de creyente

guardaba en su corazón tus palabras y actitudes;

las meditaba y las convertía en oración.

 

Te agradezco

que nos hayas hablado con tanta claridad

del amor del Padre del cielo y de nuestra grandeza.

 

Pero no te has conformado con hablarnos;

también nos libras de las fuerzas del mal

y nos ayudas a vivir al ritmo del Espíritu de Amor.

 

Al igual que los de la sinagoga de Cafarnaún,

quedo maravillado de la riqueza y de la fuerza

que voy descubriendo en tu Evangelio.

 

Tus palabras y tu modo de actuar

iluminan y dan fuerza a mi vida.
"La Misa de cada día", de la Editorial Claret
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