Nuestra sociedad abunda en noticias
i el móvil cada día gana más terreno.
Hablamos mucho, pero tal vez somos
cada vez más individualistas.
Hablamos de muchas cosas,
pero nos da vergüenza hablar de Dios.
En público demasiadas veces utilizamos la ironía
o damos razones tontas cuando nos sentimos atacados.
Jesús conoce la dificultad del seguimiento.
No se limita a pedir confianza en su persona,
da los medios para que los discípulos
puedan apoyarse unos en otros.
Saber vivir en grupo es tarea ardua,
pero muy enriquecedora.
Se aprende a ceder o a mantener las decisiones,
a pesar de encontrar dificultades.
En el grupo aprendemos
a valorar y respetar los roles.
Todos somos necesarios y cada uno tiene su lugar.
Cuando las cosas van mal,
nunca podemos señalar a nadie.
Sencillamente hemos perdido el equilibrio.
La crisis nos recuerda que
nos hemos creído protagonistas de la comunidad
cuando en realidad Cristo es el punto de unión.
Por Él nos movemos, existimos y somos.
Que Él nos acompañe a lo largo de la semana. |