Jesús,
son muchos los que me han hablado de ti
y he aprendido muchas cosas de ti;
he leído el Evangelio
y he comulgado con frecuencia;
pero aún te veo y te siento un poco lejano
y no te trato como a un verdadero amigo.
Mi fe es demasiado rutinaria
y te hablo más con la mente que con el corazón.
Por eso, no me llenas ni me motivas del todo.
El Evangelio de este domingo me cuestiona;
constato que lo que me falta es dedicar tiempo
para estar contigo sin prisas y escucharte.
Me hablas personalmente en el Evangelio,
me inspiras sentimientos de amor y fidelidad,
vienes a mí en la Eucaristía,
mis hermanos cristianos me invitan
a tomarme un tiempo para celebrar tu amor.
¡Hazme sensible a tu presencia! |