Señor, mientras caminamos por este mundo,
estamos en un momento de espera
y, a menudo, este momento
suele ser más noche que día.
Queremos caminar, Señor,
seguros de tu presencia.
Señor, casi al final del año litúrgico,
el evangelio nos plantea el reto
de identificarnos con las vírgenes necias
para que podamos tomar el tiempo suficiente
para salir de nuestra insensatez y superficialidad
y caminar hacia la participación plena
en la sabiduría del amor.
Señor, las vírgenes necias
tenían poco interés por la boda del novio.
No les importaba el ridículo
que pudiera hacer ante los invitados.
Danos, Señor, la intuición necesaria
para conseguir que este mundo
sea cada vez más hermoso
y la convivencia más pacífica y enriquecedora.
Señor, nos recuerdas
que es una insensatez escuchar el evangelio
sin esforzarnos en hacerlo vida
y que es necedad
querer hacerte presente en el mundo
con una vida apagada y sin entusiasmo. |