La respuesta,
la lección que les diste, Señor,
a aquellos «entrevistadores»,
podría -por su validez y vigencia-
ser retransmitida por todos los medios,
por todas las televisiones del siglo XXI.
Por favor, que Dios sea nuestro único absoluto,
que los poderes temporales, los césares,
mejor o peor -todo hay que decirlo-,
cumplan su cometido. Habrá que respetarlos.
Que nuestras armas,
que son la oración y la verdad,
una verdad que podemos imponer
únicamente a nuestra propia conducta
personal y social -a ambas, eso sí-,
no se confundan de campo.
Que tu Iglesia, Señor,
la nuestra,
se sitúe por encima de partidismos
plenamente libre hacia Ti y hacia todo el mundo.
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