Sólo tú, Jesucristo, podías hacer
que la cruz de los reos de muerte, abominable,
deviniese signo de salvación.
Solamente tu amor extremo por nosotros
podía hacer que este tronco de muerte,
regado con tu propia sangre,
deviniese árbol de vida.
El Fruto que de él cuelga, tan precioso,
ha podido pagar un rescate universal;
nos has redimido a todos, para hacernos libres.
Cruz de libertad, cruz de gloria,
cruz de esperanza y de resurrección,
los ojos llorosos y todas las miradas
convergen en ti, son atraídos por ti,
que entregas la vida, que das la vida
a cuantos, al verte elevadoo, crean en ti
que del cielo has descendido tan abajo,
hasta nosotros.
Los perdonados, los indultados te invocan,
estandarte victoriosos de vida eterna.
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