El tesoro que nos has dado, Señor Dios nuestro,
consta de cosas nuevas y viejas,
de joyas modernas y antiguas,
completísimo a más no poder:
todas las enseñanzas del Antiguo Testamento
-la sabiduría, el prudente discernimiento de Salomón-
y la gran novedad del Reino,
que Jesucristo inaugura.
Como una enorme red, el Reino
Captura y acoge a todos; pero no todos lo abrazan…
Que nosotros seamos para Ti un tesoro,
Señor Dios nuestro, cuando hagas tu tría,
y no nos veamos castigados, privados de Ti.
¡No, eso nunca!
porque Tú, Dios nuestro, vales más que nada.
Qué pena que estés tan oculto
para la mayoría de personas, que no te encuentran.
Qué felicidad tan grande, descubrirte,
dispuestos a darlo todo por la perla divina. |