«Si el mundo es ya tan bello y se refleja,
oh, Señor, con tu paz en nuestros ojos…
si a mis ojos las cosas has hecho tan bellas…»
Si eres el creador de estos inmensos sembrados
con la espiga ya madura, prestos a ofrecer el grano,
doradas mieses que el viento ondula…
Si todos cuantos habitamos el mundo
somos tu campo, Señor, tu heredad,
y deseas llevarnos a los graneros de tu casa
-casa solariega, pues nos tienes como a hijos…
¿cómo es que entre nosotros hay cizaña?,
¿por qué vivimos rodeados de ballueca?
Si arrancásemos el mal, también nosotros
saldríamos perjudicados,
ya que en nuestro interior hay una mezcla.
Si pudiéramos extirparlo no creceríamos
en el esfuerzo paciente, y la lucha y la libertad
de alinearnos con quienes buscan el bien.
Y ¿quiénes somos para juzgar a nadie
o calibrar el estado de la plantación…?
Señor, haz de nosotros una gavilla de buen trigo. |