Estamos pendientes de tus labios.
Las enseñanzas de tu boca, Jesús,
riegan nuestros corazones como la lluvia
más esperada.
Queremos trabajar nuestro interior
para que sea terreno preparado
para recibir la semilla de la palabra,
un campo que fructifique para Dios;
queremos –preparándolo de manera adecuada-
quitarle la dureza y las piedras,
el espino y las malas hierbas,
los caminos descarriados…
a merced de cualquier peligro.
Siembra, siembra, Sembrador,
Que nos llegue generosa y abundante
la palabra del Reino.
Que la capten nuestros oídos
y nuestras entrañas la hagan fructificar,
pese a las dificultades y preocupaciones,
acogiéndola y comprendiendo su gran riqueza. |