El pueblo de Dios viene de lejos,
de una antigua alianza,
del paso del Mar Rojo guiados por Moisés
y sentirse comunidad salvada, nación sagrada.
Pero tú, Jesús, ves todavía
que la gente está maltratada,
abandonada como ovejas sin pastor.
Y te propones rehacer aquel pueblo abatido.
Hoy siembras los cimientos llamando a los apóstoles,
doce nuevos patriarcas a los que enviar,
después de instruirse junto a ti,
para que reúnan a las multitudes
y hagan de ellas tu rebaño amado.
Se necesitan brazos,
te pedimos, Señor, nuevos discípulos
que colaboren estrechamente contigo, Buen Pastor.
Zagales a tus órdenes y al servicio de todos,
ellos nos anuncian el Reino de Dios
y nos libran de todo espíritu maligno:
¡Somos Iglesia! |