Señor, que siguiendo las consignas
del concilio Vaticano II,
vivamos el evangelio
sin interpretaciones subjetivas
y sepamos aferrarnos a lo esencial.
Señor, nos pides un cambio de corazón.
No quieres que limitemos nuestra fe
y conversión a un cambio de costumbres.
Porque todo lo que destruye
las relaciones entre los hermanos
es fruto de un corazón endurecido.
Matar al hermano
no se reduce a quitarle la vida.
Matamos al otro cuando lo menospreciamos
o lo tratamos como si de un objeto se tratara.
Señor, que nuestro amor a la vida
vaya más allá de lo meramente externo.
Señor, el divorcio o la separación de los esposos
es motivo de dolor y de inseguridad.
Que las parejas sepan descubrir a tiempo
el divorcio psicológico que precede a la ruptura.
Que encuentren personas
que les ayuden a rehacer las relaciones
o a rehacer su vida sin rencor. |