Senyor,
cuando me dices que tengo que ser
«sal de la tierra y luz del mundo»,
me estás invitando a colaborar
en la
construcción de un mundo más humano.
«Ser sal» que dé sabor de humanititat
a todas las
realidades de la vida cotidiana.
«Ser luz» que ilumine el camino y la vida
y eche fuera las tinieblas de la
duda,
de la confusión, de la ignorancia.
Cuando miro la historia de la humanidad,
me doy cuenta que las personas
que han sido luz
y han marcado caminos de vida y de paz,
son personas
muy humanas
y muy implicadas en la refñexión y en la acción,
pero,
también, muy abiertas al Espíritu.
Tú has sido «la Luz» para el mundo
y, siguiendo tus huellas y propuestas,
ahora tus discípulos somos hoy
los constructores de un mundo más humano,
que sea de acuerdo con el
Proyecto del Padre. |