Es plenamente cierto, Señor,
que hemos sido creados para vivir felices.
Que cualquier persona, aún en el infortunio,
ama la vida y busca la felicidad.
Tenemos derecho a ella, es nuestra razón de ser.
La buscamos espontáneamente, de corazón.
Tú lo sabes, y en eso has basado tu programa,
tu primera predicación, dejando las cosas claras.
Pero sabes también que el camino de la felicidad
que nosotros imaginamos,
suele ir en otra dirección,
y, por desgracia, hacia una felicidad infeliz.
Muéstranos la felicidad bienaventurada del Reino.
Que ser pobres, sin ambición,
esperándolo todo de Dios, con confianza infinita,
es la mejor de las riquezas.
Y a partir de aquí, todo lo que sigue,
incluso en medio de persecuciones:
consuelo, humildad, ilusión, amor y paz. |