En ti, Jesús, comenzamos a ver
que el Reino de Dios está entrando en el mundo,
que la oscuridad de la tierra retrocede
ante el brillo que irradias,
porque eres la Luz.
Una gran luz, no sólo para nosotros;
para quienes te reconocemos como Cristo,
sino luz de resplandor universal.
Para los países más lejanos
y para cualquier sociedad crisol de culturas.
Alrededor de la tierra, en cada orilla,
en la montaña o junto al mar,
ofreces y propones un nuevo modo de vivir,
generosamente, según Dios.
Llamas a las personas una a una;
si no son hermanas, para que lo sean.
Las llamas en su trabajo,
para la labor –trascendental-
de difundir el Reino de la Luz. |