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orar con el evangelio
domingo i de adviento (b)
Señor, nos invitas a un tiempo de espera alegre

Señor, nos invitas a un tiempo de espera alegre.
Lo que se nos viene encima
no es una amenaza sino una gracia.
Nos invitas a estar de vela
para disfrutar en comunidad de una espera
que nos llena de gozo
y hace aflorar lo mejor de cada uno de nosotros.

Señor, hoy nos llamas a salir de las iglesias,
de nuestras casa, y salir a la calle
anunciando a todos el gozo que se avecina.
Por muchas noticias de crisis y desastres
de las que están llenos nuestros telediarios,
hay una noticia más importante:
Va a nacer Jesús, será el árbitro de las naciones.
De las espadas queremos forjar arados,
y de las lanzas podaderas.

 

Señor, en estos momentos de crisis, creemos
que la noche está ya dejando paso a la luz.
No queremos dejarnos vencer
por el desánimo ni por la negatividad.

 

Señor, quieres que velemos
para no dejarnos llevar
por lo episódico y lo superficial.
Que no nos dejemos llevar
por los falsos profetas
que nos engañan
con soluciones mágicas
o con mensajes de miedo.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret

«A vos elevo mi alma, Señor»

Con confianza, Señor nuestro,
comenzamos este tiempo de Adviento.
Nuestra vida va rodando,
y el cambio de calendario nos recuerda
tu venida pendiente.
Aquel día sí que será decisivo,
aquella hora deseada, la última,
será el momento de la verdad.
Pero no es menos auténtico nuestro presente,
que lleva la marca de la esperanza de tu regreso.

No podemos dormir, con las cosas que pasan,
en este mundo atribulado por cataclismos naturales
y por las corrupciones del actuar del hombre.

¡Velad!, nos dices. Velaremos
procurando encontrar un sentido a todo esto:
reflexionando las causas,
implorando tu justicia, orando,
procurando separar, sin engaño, el bien del mal.

En cualquier hora del día o de la noche
-cuando menos lo esperemos-, debemos estar atentos
a tu llegada, porque es constante.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret

El secreto para la paz interior

Jesús,

al inicio del Adviento y del Año litúrgico,

me das un buen consejo

para poder vivir en paz.

 

Cuando observo a las personas que me rodean

tengo la sensación de que muchos

tienen miedo del futuro.

 

Quizás porque no esperan nada

más allá de la muerte

o porque no se atreven a creer en tus promesas.

 

Pero también veo a seguidores tuyos

que tienen miedo

cuando piensan en la muerte

y en el encuentro con Dios.

 

Los hay que temen porque no han llegado

a descubrir al Padre que nos has revelado:

un Padre de bondad, que suspira por darnos

el abrazo del amor incondicional

y para siempre.

 

En el evangelio,

me ofreces el secreto para superar el miedo.

 

Me invitas a esforzarme

por estar siempre preparado

y por procurar que todo esté en su sitio,

tanto en mi corazón

como en mis pensamientos.

 

Es el esfuerzo que debería ir haciendo cada día,

tomando conciencia de cualquier desorden,

y purificando, con el perdón,

cualquier infidelidad.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret

 
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