Jesús,
al inicio del Adviento y del Año litúrgico,
me das un buen consejo
para poder vivir en paz.
Cuando observo a las personas que me rodean
tengo la sensación de que muchos
tienen miedo del futuro.
Quizás porque no esperan nada
más allá de la muerte
o porque no se atreven a creer en tus promesas.
Pero también veo a seguidores tuyos
que tienen miedo
cuando piensan en la muerte
y en el encuentro con Dios.
Los hay que temen porque no han llegado
a descubrir al Padre que nos has revelado:
un Padre de bondad, que suspira por darnos
el abrazo del amor incondicional
y para siempre.
En el evangelio,
me ofreces el secreto para superar el miedo.
Me invitas a esforzarme
por estar siempre preparado
y por procurar que todo esté en su sitio,
tanto en mi corazón
como en mis pensamientos.
Es el esfuerzo que debería ir haciendo cada día,
tomando conciencia de cualquier desorden,
y purificando, con el perdón,
cualquier infidelidad. |