En la espera de tu nacimiento, Jesús,
brota de nuestro corazón la oración.
Te hemos reconocido por la fe como Señor,
que has querido vivir y vivir como humano
y también resucitar por nosotros.
Tu amor nos desborda.
Pero ahora déjanos vivir los momentos
anteriores a tu nacimiento.
Sin haberte visto aún, imaginamos
cómo serán tus ojos -tú tan pequeño-,
la hermosura de tu rostro.
Tú, Salvador hecho hombre y descendiente de David,
has querido madurar en el vientre de una madre.
Te has dignado seguir nuestros procesos,
por completo, con carne frágil y en espíritu creciente.
Contemplamos a María grávida:
Madre de Dios y madre nuestra, gracias. |