Tus caminos, Señor, nos desconciertan.
¿Cómo podemos saber que vienes de Dios?
¿Cómo es posible que haya tantos
para quienes tu Iglesia, tu Evangelio,
parece que no tengan sentido?
Nosotros mismos, en ocasiones, sentimos
nuestro corazón frío y acosado por las dudas.
Así, ¿Vale la pena ser cristiano?
Y de repente nos abres los ojos
y vemos lo que, de tan reiterado, ya no veíamos.
Continúas haciendo entre nosotros,
las mismas «maravillas» de los primeros tiempos:
curas, restableces a éste y a aquélla;
uno a uno, muchos que estaban postrados
se recuperan. Moralmente.
El increyente ha percibido una rendija de Luz:
el rebelde se apacigua;
la hierba rebrota en el desierto estéril.
Bienaventurados quienes ven en Ti al Enviado de Dios.
No hay nadie igual.
Tienes un estilo inconfundible. |