Domingo IV del tiempo ordinario

Ciclo y fecha
Cicle: 
A
Temps: 
Tiempo ordinario
Data : 
Domingo, 2 Febrero 2020
Señor, te pedimos poder ser instrumentos de tu obra

A menudo nos lamentamos
del desprestigio de la Iglesia.
No tenemos la influencia de antes,
no somos los referentes culturales ni morales.

¿Y si esta situación actual es una llamada
a volver a la bella sencillez de los orígenes?
Entre los primeros que llamaste, Señor,
había pocos que fueran instruidos,
nobles o poderosos,
porque el camino de vida y de felicidad
que nos propones no es un hito
alcanzable solamente por los mejores
ni unas oposiciones que sólo ganan los primeros.

Tú nos has enseñado
con la palabra y el ejemplo
que el camino de la felicidad
pasa por la pobreza, la limpieza de corazón,
la compasión y la humildad,
la paz y la justicia.
Ni siquiera la persecución nos aleja de él.

Nuestra debilidad es el espejo
donde resplandece tu fuerza,
tu claridad, tu belleza.
No te pedimos ser más de lo que somos,
sino poder ser instrumentos de tu obra.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret
Bienaventurada felicidad

Es plenamente cierto, Señor,
que hemos sido creados para vivir felices.
Que cualquier persona, aún en el infortunio,
ama la vida y busca la felicidad.
Tenemos derecho a ella, es nuestra razón de ser.
La buscamos espontáneamente, de corazón.

Tú lo sabes, y en eso has basado tu programa,
tu primera predicación, dejando las cosas claras.
Pero sabes también que el camino de la felicidad
que nosotros imaginamos,
suele ir en otra dirección,
y, por desgracia, hacia una felicidad infeliz.

Muéstranos la felicidad bienaventurada del Reino.
Que ser pobres, sin ambición,
esperándolo todo de Dios, con confianza infinita,
es la mejor de las riquezas.
Y a partir de aquí, todo lo que sigue,
incluso en medio de persecuciones:
consuelo, humildad, ilusión, amor y paz. 

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret
Que las personas que sufren sientan nuestro amor y nuestra compañía

Señor, tu programa político
debió sorprender a más de uno.
Cuando decidimos vivir el Evangelio,
se nos hace comprensible y sencillo.
Que la justicia a los más débiles y la ayuda
a cuantos han perdido a sus seres queridos
en guerras o ajustes de cuentas
sea prioritario para nuestros políticos
e incluso para nosotros mismos.

Señor, limpio de corazón
es quien sabe ver tu presencia
tanto en los buenos
como en los malos momentos de la vida.
Que seamos limpios de corazón
para descubrir nuevas oportunidades
cuando todo se viene abajo.

Señor, que nuestra compasión
vaya adornada de empatía y prudencia.
Que sepamos conectar con el dolor del otro
sin herirle ni entrometernos.
Que las personas que sufren
sientan nuestro amor y nuestra compañía
y que sepamos alegrarnos
cuando las cosas mejoren.

Señor, nos cuesta integrar
el menosprecio y la risita burlona
cuando nos declaramos cristianos.
Danos valor y acierto en nuestro caminar.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret