Domingo III de Cuaresma

Ciclo y fecha
Cicle: 
A
Temps: 
Cuaresma
Data : 
Domingo, 15 Marzo 2020
Señor, queremos experimentar la plenitud de tu Amor

Señor, gracias por librarnos
de nuestras esclavitudes,
por conducirnos a través del desierto de la vida
hacia la tierra prometida de la salvación.

A veces desconfiamos de tu Palabra
y murmuramos contra tus enviados.
Perdona la dureza de nuestro corazón,
la ceguera que nos hace añorar las cebollas de Egipto,
el orgullo que no quiere reconocer tu amor.

Gracias porque pese a ponerte a prueba
Tú nunca nos abandonas
y nos ofreces tu agua cuando estamos sedientos.

De cualquier pozo,
por profundo que sea,
por seco que parezca,
Tú puedes sacar agua abundante.

Gracias por sentarte a descansar en nuestra tierra,
por esperar pacientemente a que nos acerquemos
y por saciarnos profundamente.

No queremos creer solo de oídas,
queremos experimentar la plenitud de tu Amor.
Deseamos disfrutar de la fuente interior
que nunca se agota y da la vida eterna.

Danos el Espíritu Santo,
la verdadera agua que nos sacia.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret
Señor, que al igual que la samaritana, comuniquemos nuestra fe con alegría

Señor, como en el relato de la samaritana,
te haces presente a través de personas
de las que tenemos ciertas prevenciones.
Están sedientas de acogida y de consideración.
Como la samaritana,
nos creemos un poco superiores
porque estamos en nuestra tierra.
Danos un corazón generoso
para aceptar y comprender.

En nuestra sociedad abundan
las mujeres que venden su cuerpo
para alimentar a su familia
o por cualquier otro motivo.
También nosotros tenemos muchos maridos:
dinero, trabajo, aficiones…
Nos vendemos por cosas bastantes perecederas.
Danos Señor, el agua viva
para que nunca más tengamos sed.

Señor, que al igual que la samaritana,
comuniquemos nuestra fe con alegría.
Que sepamos contagiar ilusión
y vayamos transmitiendo vida.
Que las cosas materiales nos lleven
a comprender el secreto de la vida espiritual.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret
Si conocieras el don de Dios

Tú, el Salvador del mundo,
sigues peregrinando por caminos y pueblos,
como un pobre pedigüeño,
que le pide a cada cual: «Dame agua».

«Dame agua», me dices,
pero mi corazón es una roca,
o está seco y ajado
por accidentes de la vida,
por mis errores y pecados.

No te lo puedo ocultar,
ante ti es inútil fingir o huir.
Me has hecho advertir que, en realidad,
soy yo quien muere de sed.
«Si conocieras el don de Dios….»

Por favor, dame de esta agua tuya.
Haz brotar en mi interior
la fuente que sacia y no se seca,
el frescor de tu Espíritu Santo,
que me da fuerzas para la vida eterna.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret
Comunicar lo que creemos y vivimos, la alegría de ser tus seguidores

Señor Jesús, leyendo el evangelio nos sorprende
tu capacidad de dialogar
con mujeres y hombres de toda condición
y de saber ir a fondo, planteando
las cuestiones más fundamentales de la vida.

Nos sorprende también que los que buscan
se sientan atraídos por la gran propuesta
de vida en plenitud que tú mismo vives.

Te damos gracias porque has puesto
dentro de cada persona el deseo del agua viva
y porque nos has enseñado a buscarla
en nuestro propio interior, donde mana
como fruto de la presencia del Espíritu Santo.

Te pedimos que la comunidad cristiana
sea capaz de motivar a la gente de hoy
a desear y buscar la fuente de agua viva
y a no contentarse con sucedáneos.

Haz que, como tú, seamos testigos auténticos
de lo que proponemos a los demás.

Que tengamos la capacidad de entrar en diálogo
con todo tipo de personas y grupos,
sin pretender juzgar ni condenar, sino
comunicando lo que creemos y vivimos,
la alegría de ser tus seguidores,
e indicando el camino que conduce a ti.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret
Comunicar a los demás a Quien he encontrado y me ha cambiado la vida

Santa mujer samaritana,
venerada en algunas iglesias
con los nombres de Fotina y Svetlana,
que significan «mujer de luz»,
hazme valiente como tú
para que ose hablar
con quien no es recomendable,
para que no ahogue el anhelo de verdad y de vida
que siento nacer en mí,
para aceptar que sean cuestionadas
mis incoherencias
y mis falsas seguridades.

Hazme generoso y arriesgado
para que me atreva a comunicar a los demás
a quien he encontrado
y me ha cambiado la vida,
sabiendo que quizás no me harán caso
o que incluso se reirán de mí
porque no soy ejemplo de nada.

¡Hay tantas y tantos como yo
que necesitan un sorbo de agua viva,
un rayo de luz clara, una mirada amiga
y una palabra de verdad!

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret