Domingo I de Adviento

Ciclo y fecha
Cicle: 
B
Temps: 
Adviento
Data : 
Domingo, 29 Noviembre 2020
Que te reconozcamos cuando vengas a visitarnos

Padre, gracias por cumplir las promesas
que anunciaste a través de los profetas.

A pesar de nuestro pecado,
no nos has abandonado a merced de nuestros errores,
zarandeados como las hojas secas a merced del viento.

Pese a tu poder y realeza,
has abierto el cielo
y has bajado
para rescatar a los hombres de la muerte.

Eres un Dios celoso de tu pueblo
y no abandonas la viña que has plantado.
Por eso has enviado al Hijo unigénito,
tu ungido, sobre quien reposa tu mano.

Él es nuestra salvación,
la esperanza para redimirnos del mal.

No queremos estar dormidos
cuando vengas a visitarnos.
Si estamos atentos, te veremos en la realidad que nos rodea:
en los niños, los enfermos, los pobres,
los amigos, los compañeros de trabajo,
la familia o la comunidad.

Que tu Espíritu nos despierte
para que te reconozcamos
cuando vengas a visitarnos.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret
Señor, nos invitas a un tiempo de espera alegre

Señor, nos invitas a un tiempo de espera alegre.
Lo que se nos viene encima
no es una amenaza sino una gracia.
Nos invitas a estar de vela
para disfrutar en comunidad de una espera
que nos llena de gozo
y hace aflorar lo mejor de cada uno de nosotros.

Señor, hoy nos llamas a salir de las iglesias,
de nuestras casa, y salir a la calle
anunciando a todos el gozo que se avecina.
Por muchas noticias de crisis y desastres
de las que están llenos nuestros telediarios,
hay una noticia más importante:
Va a nacer Jesús, será el árbitro de las naciones.
De las espadas queremos forjar arados,
y de las lanzas podaderas.

Señor, en estos momentos de crisis, creemos
que la noche está ya dejando paso a la luz.
No queremos dejarnos vencer
por el desánimo ni por la negatividad.

Señor, quieres que velemos
para no dejarnos llevar
por lo episódico y lo superficial.
Que no nos dejemos llevar
por los falsos profetas
que nos engañan
con soluciones mágicas
o con mensajes de miedo. 

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret
«A vos elevo mi alma, Señor»

Con confianza, Señor nuestro,
comenzamos este tiempo de Adviento.
Nuestra vida va rodando,
y el cambio de calendario nos recuerda
tu venida pendiente.
Aquel día sí que será decisivo,
aquella hora deseada, la última,
será el momento de la verdad.
Pero no es menos auténtico nuestro presente,
que lleva la marca de la esperanza de tu regreso.

No podemos dormir, con las cosas que pasan,
en este mundo atribulado por cataclismos naturales
y por las corrupciones del actuar del hombre.

¡Velad!, nos dices. Velaremos
procurando encontrar un sentido a todo esto:
reflexionando las causas,
implorando tu justicia, orando,
procurando separar, sin engaño, el bien del mal.

En cualquier hora del día o de la noche
-cuando menos lo esperemos-, debemos estar atentos
a tu llegada, porque es constante. 

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret
El secreto para la paz interior

Jesús,
al inicio del Adviento y del Año litúrgico,
me das un buen consejo
para poder vivir en paz.

Cuando observo a las personas que me rodean
tengo la sensación de que muchos
tienen miedo del futuro.

Quizás porque no esperan nada
más allá de la muerte
o porque no se atreven a creer en tus promesas.

Pero también veo a seguidores tuyos
que tienen miedo
cuando piensan en la muerte
y en el encuentro con Dios.

Los hay que temen porque no han llegado
a descubrir al Padre que nos has revelado:
un Padre de bondad, que suspira por darnos
el abrazo del amor incondicional
y para siempre.

En el evangelio,
me ofreces el secreto para superar el miedo.

Me invitas a esforzarme
por estar siempre preparado
y por procurar que todo esté en su sitio,
tanto en mi corazón
como en mis pensamientos.

Es el esfuerzo que debería ir haciendo cada día,
tomando conciencia de cualquier desorden,
y purificando, con el perdón,
cualquier infidelidad.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret
Que nuestra vida dé testimonio de tu presencia

Dios y Padre nuestro,
el Adviento invita a la oración
pidiendo que estés con nosotros,
que tu rostro amoroso nos acompañe
y que se renueve la vida de cada uno
y de la Iglesia;
por eso nos dirigimos a ti
confiando no en nuestra bondad
ni en méritos propios,
sino en tu fidelidad que dura siempre
y en la certeza de que quieres ser nuestro Padre.

Jesús nos pide velar,
para descubrir que, en Él,
tú ya has venido a visitarnos
y a estar presente en este mundo;
por eso te pedimos que nuestra vida
dé testimonio de tu presencia
y que sepamos mostrar quién es nuestro Dios,
este Dios que está con nosotros como Padre
siempre atento a la vida de sus hijos e hijas.

No permitas, Padre, que tu pueblo
dormite en la rutina
o la mediocridad sin espíritu.
Que tu rostro enamorado
nos convierta cada día,
y que nos dejemos convertir;
que, iluminados por ti
y guiados por la Palabra
que nos alimenta cada día,
nos mantengamos fieles a nuestra vocación
de discípulos y testigos de Jesucristo.

Que las religiosas y los religiosos
sean signos de generosidad y disponibilidad
en escuchar tu llamada y dejarse prender
por tu amor que da sentido
a la existencia humana.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret
Ven a hacer de nuestro mundo un lugar de paz, justicia y fraternidad

Nosotros somos el barro y tú el alfarero.
Ven, Señor, y haz de la masa informe
de nuestras vidas y de nuestro mundo
un instrumento útil, bello y único.

Ven y sorpréndenos
con tu manera de venir
humilde, débil y silenciosa.

Ven a hacer de nuestro mundo
un lugar de paz, justicia y fraternidad,
espacio de convivencia y confianza mutua
donde nadie sea excluido, perseguido,
considerado inútil o menos digno,
donde los más pequeños
ocupen los puestos de honor
y los más capaces sientan el gozo
de poder ocupar los puestos de servicio,
donde el silencio nos permita estar atentos
y abrir el corazón y los oídos
a quien tiene algo que decir
y para escuchar tu palabra,
que es fuente de vida.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret