Domingo IV de Adviento

Ciclo y fecha
Cicle: 
A
Temps: 
Adviento
Data : 
Domingo, 22 Diciembre 2019
Dios Todopoderoso se nos ha manifestado como Emmanuel

Gracias, Señor, por la fe de José.
Él supo renunciar a sus proyectos;
para acoger, sin entender,
lo que Tú tenías previsto.

Superó sus criterios,
por legítimos y sensatos que fueran,
y confió en Ti.
No se abstuvo de apoyar a María
en una situación bastante complicada.
No se dejó llevar por los prejuicios humanos,
sino que estuvo atento a tu voz.

Era un hombre bueno
y estaba preparado interiormente
para escuchar tus designios
y ponerlos en práctica.

Era el compañero que necesitaba María,
era un apoyo imprescindible.
Él confió plenamente
y se produjo el milagro
que todos necesitábamos.

Gracias a la fe de María y José
Tú has venido y has habitado entre nosotros.
A través de un niño,
el Dios Todopoderoso se nos ha manifestado
como Emmanuel:
Dios-con-nosotros.

Danos fe para creer
que siempre estás cerca de nosotros,
que nunca nos abandonas,
porque nos amas de verdad.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret
Abiertos a acoger el proyecto de Dios

Jesús, Señor y hermano nuestro, estamos a punto
de celebrar, un año más, tu Navidad.

Hay personas que sólo la celebrarán
consumiendo más o gozando de vacaciones.

Otros no podrán hacer ninguna celebración,
preocupados apenas por sobrevivir.

Nosotros nos proponemos celebrarla y vivirla
a partir del evangelio y renovando la fe.

Te damos gracias porque, al venir al mundo,
eres la gran señal de que Dios ama a todos,
a los que le conocen y aman como Padre
y a los que no le conocen o incluso lo rechazan.

Hoy te pedimos que, como José,
estemos abiertos a acoger el proyecto de Dios,
que no nos inventemos una fe a nuestra medida,
sino que sepamos aceptar y poner en práctica
la propuesta que Dios nos dirige,
aunque no la entendamos totalmente
o supere nuestros cálculos humanos.

Te pedimos especialmente, Señor Jesús,
que no tengamos miedo de recibirte y seguirte
como salvador y guía de la humanidad.

Que seamos capaces de creer
que Dios está realmente con nosotros,
profundamente comprometido con nuestra vida,
compartiendo nuestras alegrías y sufrimientos
y animándonos en nuestra misión
de llegar a ser hijos e hijas suyos en plenitud,
viviendo de un modo más humano y fraterno.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret
Señor, que seamos capaces de comprender y salvar a las personas

Señor, José fue capaz de escuchar su corazón,
y el amor que tenía a María
le hizo ver que la Ley
debe interpretarse en cada caso concreto.
Señor, que seamos capaces
de comprender y salvar a las personas.

Señor, te pedimos por los matrimonios
que se dan una segunda oportunidad.
Por los que siguen juntos y se aman
a pesar de todo, y por las parejas que han roto.
Que unos y otros puedan celebrar
estos días de familia con alegría y paz.

Señor, nos cuesta aceptar
las cosas que no hemos planeado.
Aceptar que te haces Dios-con-nosotros
a tu estilo, nos molesta.
Que al estilo de José sepamos aceptar la vida
y las circunstancias con una actitud activa.

La alegría y el deseo de adornar nuestras casas
sea un reflejo de nuestro corazón.
Que seamos acogedores
y tengamos un gesto solidario
con los que tendrán que conformarse
con muy poco.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret
María grávida

En la espera de tu nacimiento, Jesús,
brota de nuestro corazón la oración.

Te hemos reconocido por la fe como Señor,
que has querido vivir y vivir como humano
y también resucitar por nosotros.
Tu amor nos desborda.

Pero ahora déjanos vivir los momentos
anteriores a tu nacimiento.

Sin haberte visto aún, imaginamos
cómo serán tus ojos -tú tan pequeño-,
la hermosura de tu rostro.

Tú, Salvador hecho hombre y descendiente de David,
has querido madurar en el vientre de una madre.
Te has dignado seguir nuestros procesos,
por completo, con carne frágil y en espíritu creciente.

Contemplamos a María grávida:
Madre de Dios y madre nuestra, gracias.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret
Aceptando tus planes no perdemos nada y lo ganamos todo

«No temas».
Tanto María como José escucharon
estas palabras del ángel
al recibir el anuncio y la llamada de Dios.
También Jesús resucitado
tenía que añadir «no temáis»
al saludo a los discípulos sorprendidos.

Siempre que vienes a nosotros, Señor,
nos sorprendes y nos descolocas,
nos haces abandonar las seguridades
y los pequeños proyectos que nos ocupan,
nos abres a horizontes de inmensidad
y nos despiertas capacidades insospechadas.

Que el temor deje paso al gozo,
que el cálculo deje paso a la generosidad.
Aceptando tus planes en nuestras vidas
no perdemos nada y lo ganamos todo.

Que sepamos ver en los hechos inesperados
de la vida un signo, a veces difícil,
a veces provocador, que nos recuerda
que tus planes son muy superiores
a los nuestros.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret