Domingo II del tiempo ordinario

Ciclo y fecha
Cicle: 
C
Temps: 
Tiempo ordinario
Data : 
Domingo, 20 Enero 2019
Enséñanos a estar siempre atentos para escucharte

Señor, gracias por invitarnos a tu fiesta,
por hacernos partícipes
del banquete de la salvación,
por permitirnos disfrutar
de la joya del Evangelio,
por ser tus amigos.

Gracias por darnos a probar tu vino;
que llena de alegría nuestros corazones
y de entusiasmo nuestras vidas;
que nos hace sentir unidos
en una celebración compartida
y nos anima a participar
en una misión gozosa.

Gracias por convertir las picas
de nuestro corazón de piedra
en un lugar donde los milagros son posibles.
Donde el odio se puede transformar en amor;
y el rencor, en perdón;
donde el egoísmo se convierte en generosidad;
y la rivalidad en cooperación;
donde el desánimo da paso a la esperanza;
y el desencanto, a la alabanza.

Enséñanos a estar siempre atentos
para escucharte
y danos la fuerza para hacer
todo lo que nos digas.
Que nunca dejemos de estar agradecidos
por participar en la fiesta del amor.  

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret
Te pedimos la capacidad de recibir y de llevar a la práctica la palabra de Jesús

Te pedimos perdón, Padre,
porque nos resistimos a creer
en todo lo que nos dices a través de los profetas
y sobre todo a través de tu Hijo Jesús.

No acabamos de creernos que tu felicidad
consiste en amarnos sin medida.
Nos cuesta vivir sabiéndonos amados
de modo incondicional y entrañable
y lo pagamos con nuestras tristezas y decepciones.

Queremos pedirte, Padre,
que nuestra Iglesia tenga las actitudes
de María, la primera servidora,
y de los demás sirvientes que había en Caná.

Que tengamos el corazón abierto
y la capacidad de sentir como nuestros
cada uno de los problemas y carencias
de nuestro mundo.

Y, sobretodo, te pedimos la capacidad
de recibir y de llevar a la práctica
la palabra de Jesús
y de comprender que no debemos ser
servidores de nosotros mismos,
sino de nuestros hermanos y hermanas,
especialmente de los que el egoísmo humano
excluye del banquete de la vida.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret
Tiendes la mano y ayudas a empezar de nuevo

Jesús vive los acontecimientos de la vida
con agradecimiento a Dios
y a sus contemporáneos.
Señor, danos un corazón sencillo para saber
participar en los acontecimientos festivos
y alegrarnos de la alegría de los demás.

Señor, que comprendamos que la santidad
es estar atento a las necesidades de los demás.
Que como Tú hiciste en Caná,
sepamos evitar situaciones de desprestigio
o de falta de previsión.

Señor, que como Tú,
seamos capaces de celebrar el amor.
Tanto de creyentes como de no creyentes.
Que compartamos con los novios
el misterio del Amor,
sabiendo que donde hay Amor, allí està Dios.

Señor, cada matrimonio es un intento
de hacer posible un milagro de convivencia.
Ante el fracaso, Tú nunca juzgas.
Tiendes la mano y ayudas a empezar de nuevo,
porque sabes que los humanos
nos sentimos insatisfechos
hasta encontrar la plenitud en Ti.
Ayúdanos a no juzgar y a saber estar.

Señor, por intersección de San Antonio Abad,
haznos conscientes de nuestro egoísmo
y cada día más dispuestos
al servicio de los demás. 

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret
Invitados a bodas…

En Caná, Señor,
a aquellos novios, les sacabas de un apuro;
a nosotros, nos abrías tu corazón
al decirnos que tu misión era
desposar a la humanidad. 

Nos cuesta, Señor, todavía hoy,
asociar tu reino con una boda,
o pensar que tu reino es vino espléndido
que trae gozo y fiesta sin medida. 

Hoy, echamos de menos tu vino.
Sabemos que Tú nos lo has traído… y bueno.
Nos has dicho con tu vida
-más que con tus palabras-
qué clase de vino se esconde en tu copa:
es el vino del amor y de la entrega,
el vino de la felicidad nueva y eterna. 

Tú que apuraste el vino hasta la última gota,
ayúdanos hoy a nosotros a beber de tu copa. 

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret
Poder ver la humanidad con tus ojos

Gracias, Señor, por el don que he recibido.
Me hace único, pero no me aparta
porque me lo has dado para el bien de todos.
Me hace irrepetible, pero no me vanaglorio
ni me comparo
porque es un don inmerecido.

Que, al mirar a los demás,
sepa captar los dones que has puesto en ellos,
así aprenderé a verlos como hermanos
que no amenazan con sus diferencias
sino que enriquecen a la familia.

¡Qué bella es la humanidad a tus ojos,
que has decidido tomarla por esposa
y dar la vida por ella!
Concédeme el don de poder verla,
y de verme a mí mismo,
con tus ojos.

Que tu mirada de amor nos ayude
a hacer aflorar todas las semillas de belleza
que has plantado en el fondo más auténtico
y más genuino de nuestro ser.

"La Misa de cada día", de la Editorial Claret